Confederación
2 de Septiembre de 1980
Soy Hatonn. Los saludo, amigos míos, en el amor y en la luz de nuestro infinito Creador. Es, una vez más, un gran privilegio estar con ustedes. Es lamentable que tengamos cierta dificultad para comunicarles plenamente los conceptos. Esto, por supuesto, se debe a que su lenguaje no es adecuado para los conceptos que deseamos transmitirles. Sin embargo, tenemos la intención de rodear la mente intelectual mediante nuestras comunicaciones con ustedes durante su meditación.
Durante estas meditaciones, los conceptos que les imprimimos deberían ser relativamente fáciles de comprender. Ustedes han sido condicionados durante lo que llaman toda una vida; han sido condicionados a pensar en ciertas cosas, y algunas de esas cosas las consideran importantes, otras las consideran sin importancia y algunas ni siquiera las consideran. Desde nuestra perspectiva, la mayoría de las cosas que la gente de la Tierra considera importantes no lo son en absoluto, o carecen de toda consecuencia. Aquellas cosas en las que ni siquiera piensan suelen ser las más importantes.
Si desean descubrir qué es importante y qué no lo es, el proceso es relativamente sencillo.
Realicen las siguientes pruebas: primero, pregúntense si el concepto relacionado con aquello que están considerando es de naturaleza duradera; es decir, dentro de 100, 1000 o 10000 años, ¿aquello que están considerando y examinando tendrá alguna consecuencia? Esta es la primera y posiblemente la prueba más importante. Si están dedicando una cantidad considerable de tiempo y esfuerzo a un concepto que no tendrá ningún significado dentro de 100 o 1000 años, o incluso dentro de unos pocos años, entonces, por supuesto, desde nuestro punto de vista no tiene ninguna importancia, pues desde nuestra perspectiva su relativamente breve período de existencia sobre la superficie de su planeta no es más que una corta experiencia dentro de una realidad mucho, mucho más grande.
Si examinan las cosas que fascinan a la mayoría de su gente en este momento, descubrirán que son de naturaleza transitoria, y será evidente que casi todo aquello que hoy les preocupa ni siquiera merecerá figurar en sus libros de historia dentro de 100 años. Y, amigos míos, el contenido de sus libros de historia no tiene ninguna consecuencia, porque, amigos míos, solo hay una cosa de verdadera importancia, y esa, amigos míos, es el desarrollo de su manera de pensar; no pensar en política, no pensar en ecología, no pensar en evolución, sino el sencillo proceso de crecer mediante el autoanálisis y, aún más importante, mediante sus relaciones con sus semejantes.
Esto, amigos míos, es lo único que tiene una importancia duradera. Esto es lo que los desarrolla como personalidad, los desarrolla como seres universales, que es lo único que llevan consigo a través de la ilusión del espacio y el tiempo que ustedes llaman la creación. No es necesario ser complejo. No es necesario ser intelectualmente brillante, ni erudito, ni estar bien informado. Lo que sí es necesario, amigos míos, es comprender por qué reaccionan como lo hacen ante sus semejantes, y es necesario, amigos míos, que después de haber analizado sus reacciones, las mejoren.
Esto es, en primer lugar, necesario para ustedes como individuos: comprender, conocer y aplicar. Después, una vez que hayan alcanzado su objetivo, será necesario que, mediante la demostración de ese conocimiento, lo difundan a los demás. Pero mediante la demostración, amigos míos, mediante la demostración, porque verdaderamente este es el único método que tienen a su disposición en su estado actual de existencia. Hemos observado a muchos en su planeta intentando hacer el bien de palabra y, sin embargo, amigos míos, sin la necesaria demostración de aquello que sabían que era verdad, sus palabras eran vacías. Es mucho mejor no decir nada y demostrar mediante los hechos y las acciones la unidad que abrazan, que hablar de ella o enseñarla sin demostrarla.
El crecimiento espiritual, amigos míos, es algo muy sencillo; es casi demasiado sencillo. Les es imposible explicar o comprender intelectualmente cualquier aspecto del crecimiento espiritual. Cuando hayan alcanzado el siguiente paso en el desarrollo de su conciencia, entonces comprenderán plenamente aquello que antes de llegar a su nuevo nivel de conocimiento era tan imposible de explicar. Pero si pudiéramos explicarlo, amigos míos, nuestra tarea sería muy, muy sencilla. Les explicaríamos cómo crecer espiritualmente, ustedes crecerían, todos nos regocijaríamos y nuestra labor estaría completa.
Pero entonces, amigos míos, ¿por qué es tan, tan difícil? ¿Por qué hemos empleado tantas y tantas palabras para expresar en su lenguaje una dirección, una técnica que no puede alcanzarse mediante las palabras? Les decimos: «Conócete a ti mismo», y, sin embargo, ¿siguen realmente nuestras instrucciones?
Intentaremos, a través de este instrumento y en las reuniones que seguirán, darles instrucciones más específicas y precisas, ejercicios y técnicas personales para alcanzar esa meta que cada uno de ustedes desea. También haremos lo mismo a través de los otros instrumentos presentes. Esperamos poder expresar nuestras instrucciones en su lenguaje de manera que ustedes puedan utilizarlas. Carecerían de significado para un grupo menos avanzado, pues son un tanto inusuales y, me temo, parecerían algo ridículas para un grupo menos avanzado en su búsqueda. Como saben, estamos limitados por el grupo con el que establecemos contacto. En este momento intentaremos, a través de otro instrumento, ofrecerles alguna instrucción. Ahora transferiré este contacto.
Soy Hatonn. Este instrumento se encuentra en un contacto profundo y no deseamos perturbar su estado. Por lo tanto, hablaremos más lentamente de lo habitual a través de este instrumento.
Paso número uno: háganse la siguiente pregunta.
Situación: «Yo soy el Cristo». Otra situación: «Esta circunstancia ocurre». Pregunta: «¿Qué debo hacer por mi pueblo?» No habrá evasivas en su identificación con aquel a quien llaman Jesús, un carpintero conocido por sus semejantes.
Ustedes son un carpintero; poseen la conciencia crística; son el Cristo. ¿Qué harán? Dentro de setenta años se escribirá un evangelio. ¿Cuáles serán sus enseñanzas? ¿Qué legado dejarán? Hay momentos para retirar su ser de esta ilusión. Sin embargo, el instante de contacto con cualquier ser espiritual es su momento de conciencia crística. ¿Quiénes son ustedes? Son el Cristo. Hablen, por tanto, en parábolas si así lo requiere la necesidad, pero hablen como el Cristo, porque este es el comienzo, la entrada, la puerta hacia su propio ser. Solo en el proceso, solo cuando se arrodillan para lavar los pies de sus semejantes, solo cuando se humillan en el servicio a todos aquellos que son extensiones del Padre, comenzarán a recibirse a sí mismos en ustedes mismos.
En su identidad reside su pregunta. Nosotros, sus hermanos y hermanas, no les prometemos respuestas, pero sí les prometemos que pueden aprender a vivir la pregunta hasta que ya no sea necesaria ninguna respuesta. El crecimiento no es lo que parece, amigos míos. No busquen, por tanto, con la mente, ni con ideas preconcebidas, ni con la sospecha, apenas formada, de lo que esperan encontrar, porque intentaremos ayudarlos en la exploración de aquello que aún no ha sido explorado. La flexibilidad, por lo tanto, es su aliada.
Ahora dejaré este instrumento para que mi hermana pueda hablar a través de otro instrumento. Los dejo en el amor y en la luz de la conciencia crística, que es la manifestación del Padre, de la Creación y del amor mismo. Soy conocido por ustedes como Hatonn. No me llamen maestro; soy su hermano y su hermana; soy el Cristo y me hablo a mí mismo. Adonai.